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Sobre Karukinka

Nací en un invierno del 89 aunque el verano es lo que me da vida.
Me crié en un terreno / patio lleno de árboles y verde, en un barrio periférico canario, con una abuela que se emocionaba cuando veía un yuyo en las calles y gritaba: “este es bueno para tal cosa,..” ella para cada dolor, ofrecía una taza de yuyos para darme, palito cuadrado, marcela, boldo, menta, son los que más recuerdo.
Me crió una madre que siempre plantó y que en la crisis del 2001 fue su huerta y el gallinero de casa lo que nos salvó, también las tarjetas de trueque en los clubes del barrio.
Me veo jugando toda la tarde con flores de mburucuya, coquitos de paraíso, comiendo higos trepada al árbol gigante cantando Gilda, juntando manzanillas y amapolas silvestres del jardín, éste, mi refugio.
Soy la niña que acompañaba de noche a su madre (cuando llegaba molida de limpiar casas), al rancho del curandero del barrio, le hacía friegas con alcohol de romero pal dolor de rodillas, la imagen de la botella y el contenido color verde azulado para siempre en mi recuerdo como una marca fuerte que indicaría el camino…
Soy la niña que creció entre veranos de océano rochense y campaña profunda arachana, aquí aprendí a reconocer caraguatas pa no pincharme, galopar a pelo, a bagallear y a escuchar el silencio del campo.
Termine el liceo y me anote en la vieja y querida utu figari, aprendí serigrafía, joyería y talla en madera. También en ese tiempo estudié fotografía, año 2007.
En el 2008, con 18 años me fui de viaje por 6 meses. Fue el inicio de un ciclo de varios años de andar yendo y viniendo, de caminar pueblos, siempre a dedo, vendiendo lo que hacía con las manos, fui reconociéndome en diferentes culturas y territorios.
En esas andanzas, viajé en bici por algunos departamentos de Uruguay, llegué a la Quebrada de los Cuervos, ese lugar un antes y un después fuerte en mi vida. Viví allí de forma intermitente en el 2010 y 2011. Me enamoré del monte nativo, de mi gran compañero perruno Hippie, aprendí de los ciclos, de la muerte a diario, de la soledad y la inmensidad de esos paisajes, de los naranjas menguantes jamás vistos, también por primera vez en ese lugar recibí la medicina del mburucuya y participé en rondas guaraníes.
Al volver de la quebrada, en la primavera del 2011 hice la formación de Reconocimiento de flora indígena en el jardín botánico, en esa época la dinámica del curso era de varios módulos de muchas horas y varias semanas, salidas de campo, actividades con la escuela de jardinería municipal de Montevideo. Tuve la suerte de aprender con Liliana Delfino y Julián Gago entre otros referentes del mundo botánico. También cursé con Julián en ese mismo año sobre el mundo de las orquídeas.
Seguí viajando por tierra sin tiempo ni calendario guardando en la memoria todo el paisaje, nutriéndome de cada encuentro, planta, palabra e historia. Caminé por Perú, Bolivia, Paraguay, Chile Argentina, Brasil, viajé con parejas, con amigxs y sola.
Volví a Uruguay una primavera del 2015 y comencé otro viaje: la maternidad. En otoño del 2016 nació el yuyo más lindo: India Arami. Fue en esa nueva aparente “quietud” que volví a reconectar con lo más primitivo, desde el parir, la teta, plantar, curar con plantas a mi hija y de alguna manera abrazar mi esencia.
En 2017 empecé a estudiar lengua de señas uruguaya, siempre deseé y no se había concretado antes así que en pleno puerperio y lactancia comencé un proceso de aprendizaje que sigo cursando actualmente.
En 2019 empecé a crear con plantas como forma de ingreso económico, en ese acto tomé las riendas de mi historia, confié en la intuición y en el llamado del camino, el ya recorrido y el que vendría…aunque me di cuenta de esto mucho tiempo después. La semilla Karukinka estaba despertando.
El nombre surge en recuerdo de unos de los viajes más hacia este sur que hice, lxs nativxs de tierra del fuego nombran Karukinka a un todo, formado por estrellas, constelaciones, tierra, ríos, plantas, fuego y humanxs. Somos Karukinka
En 2020 hice una formación de plantas medicinales en el Ceuta, conocí a parte de la red de mujeres que plantan medicinales orgánicas con las que trabajo desde ese momento y son las que sustentan con muchas de sus hierbas este proyecto.

En 2021 participé en un curso de infusiones y bebidas creadas a partir de plantas con Carolina Fortuna. Recordé a mi madre haciendo licores y vino casero, me dejé macerar por el mundo verde mientras construía mi hogar y vendía sahúmos en la Tristán.

En 2022 hice un diplomado en Fitoterapia con enfoque medicina china en fundación naturopática argentina y cursé el primer año de la formación como terapeuta floral de la medicina bioenergética del Uruguay / sistema floral mburucuya de las sierras de la mano de Bernardo Ferrando.
Ese otoño me fui a las sierras de Rocha a una residencia textil con LAM, volví maravillada con el mundo de los tintes naturales y la estampa botánica. Se hizo presente la memoria de mi abuela bordando y cosiendo, reparando y mi yo adolescente jugando con una máquina de coser a pedal.
Finalizando el 2022, hice una extensión universitaria sobre psicodélicos en facultad de humanidades, un tema donde ciencia y ancestralidad se funden en el gran misterio del mundo verde.
En 2023 comencé a asistir a los primeros talleres de plantas medicinales dictados por Mariana Barquin, hija de Marion Aguilera gran referente del mundo botánico yuyero uruguayo. Fue un antes y un después donde aprendí mucho muchísimo, le agradezco infinito.
En uno de esos cursos conocí a Soledad Piazza, yo venía con el fuerte deseo de poder combinar pasiones, y en una charla con ella le dije: me encantaría poder hacer algo con plantas y Lengua de Señas y me dijo: vamos a hacerlo!
Fue así que empezó el 2024 con toda la alegría de poder cocrear y concretar un taller de Huerta, actividad en lengua de señas uruguaya por primera vez en el jardín botánico de Montevideo. Ese fue el inicio de varias actividades de huerta, gastronomía y plantas medicinales de forma accesible para la comunidad sorda.
En paralelo empezó el viaje del ser doula, un camino de reparación, de abrazo, de red y militancia, de mucho movimiento interno en el gran cuenco que contiene: el Ipu, Instituto Perinatal del Uruguay.
En primavera del mismo año volví a la selva misionera argentina por tercera vez en mi vida, en el marco del segundo congreso aromático organizado -desde Uruguay- por Matías Abreu y Leticia Cabrera. Volver a viajar a la selva después de tantos años, prendió mis fibras aventureras, fue impulso para seguir aprendiendo del mundo verde en los diferentes territorios, desear seguir en movimiento y explorar la profundidad de nuestra América Latina tan llena de todo.
A fines del 24 nuevamente cursé otra extensión universitaria , esta vez aprobando una monografía sobre psicodélicos atravesado por la antropología, química y psicología.
En Julio 2025 culminé la formación de Plantas medicinales del mundo Y Fitoterapia aplicada dictado por la cátedra de farmacobotanica en la facultad de medicina de la UBA. Participé de talleres inclusivos sobre Justicia Ambiental organizado por Meta Planeta e IDII. Finalicé el año recibiendo la certificación como doula y brindando un taller de plantas medicinales en lengua de señas uruguaya en el espacio Colabora, Montevideo.
2026….. soy esa niña que recibió muchas infusiones para curarse, soy todos los caminos elegidos, soy un ser de búsqueda y aventura, de aprendizaje constante agradezco a cada maestrx en el camino que han sido muchxs y cada unx sembró una semilla en mi. La mejor academia: las raíces y la vida en las rutas, en los campos, en cada encuentro. La mayor maestra la naturaleza, habitarla, sentirla, crecer y crear vínculo con y en ella no para de enseñar y sorprender constantemente
Tengo mi espíritu al servicio de los yuyos, del acompañar los procesos mamíferos humanos, donde deseo que la información sea para todxs, señar un parto o una receta yuyera ha sido para mí de una completitud infinita que intenciono se proyecte en el tiempo y sigamos generando espacios que si, donde la autonomía por nuestra salud sea, al igual que el respeto de nuestra integridad al gestar, parir y criar
Karukinka late fuerte. Promoviendo el reconocimiento de nuestra flora nativa, recordando la memoria del territorio, nuestra historia y raíces en vínculo con el mundo verde, es el motor.
Caballo de fuego acá estoy
Con todas estas ganas
Pau
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